Hoy queremos compartir con ustedes el
testimonio de una persona que ha tenido que convivir muy de cerca con el
Alzheimer. Se trata de la comunicadora Alicia
Ruiz. Este es un fragmento de su
historia, recogido en el blog Mi Vida con el Alzheimer.
Me gustaría compartir
contigo mi experiencia con el Alzheimer. No encontrarás en este post nada nuevo sobre la
enfermedad ni nada diferente a lo que ya se ha escrito y que desgraciadamente
se seguirá escribiendo. Este es un relato desde el punto de vista de un
familiar de un enfermo de Alzheimer.
Cuando el Alzheimer aparece en una
familia no llama a la puerta y por supuesto no espera a que le abran para poder
pasar. No. El Alzheimer llega sigiloso.
Al principio casi ni notas su presencia. Pero desgraciadamente ya ha entrado en
tu vida y no puedes hacer nada para impedírselo. El Alzheimer llega para quedarse, y además para
siempre, porque cuando el enfermo se marcha a “recuperar sus recuerdos a un
sitio mejor”, el Alzheimer se queda con las familias, marcando sus vidas (…)
A mi padre le diagnosticaron
Alzheimer cuando tan sólo tenía 62 años de edad. Muy joven, sí, y en su caso
los síntomas ya llevaban con él más de tres años. Y el mismo día que nos
comunicaron el diagnóstico leí una frase que nunca olvidaré y que tal vez ya
conozcas: “El Alzheimer golpea el cerebro
del enfermo y el corazón de los familiares”. ¡Qué frase tan dura y a
la vez qué palabras tan acertadas! El Alzheimer cambió mi vida porque atrapó
entre sus horribles redes a la persona que yo más quería, al que había sido mi
héroe, mi ejemplo a seguir, mi estandarte… Y por más que hice para intentar
liberarle de sus garras no pude, a pesar de que lo intenté con todas mis
fuerzas.
Fue entonces cuando me di cuenta de
que necesitaba un montón de información para poder ir un paso por delante de
esta enfermedad y saber qué me esperaba y cómo afrontarlo (…) Pero ni esas prácticas, ni la teoría que
tanto me empeñé en conocer, me prepararon para lo que tuve que ver: a mi padre
convertido en un niño. (…)
Y pese a haberme “doctorado” en
Alzheimer, nunca imaginé que llegado el momento no sabría dejar marchar a mi
padre. Falleció cinco años después de que le diagnosticaran la enfermedad, con
sólo 67 años. (…)
Y echando la vista atrás es curioso
reconocer todo lo que aprendí con esta
enfermedad.
- Aprendí el valor que tienen los besos para estas personas de mirada perdida.
- Aprendí la importancia de aprovechar cada uno de los momentos vividos.
- Aprendí que no hacen falta palabras para demostrarles el cariño que sentimos.
- Aprendí que ya era tarde para remordimientos sobre lo que deberíamos haber hecho cuando era su momento.
- Aprendí la importancia que tiene una mano amiga que sepa y entienda lo que estás viviendo.
- Y aprendí a luchar por defender los intereses de unos enfermos a los que la sociedad parece haber olvidado.
Y de todos esos malos momentos me
quedo con la satisfacción de haberle procurado a mi padre una mejor calidad de
vida. De haber recorrido a su lado ese camino al mundo del olvido. Y con la
tranquilidad que da el saber que pude devolverle todo el cariño y los cuidados
que él me dio a mi cuando lo necesitaba (…)
Por eso, os animo a todos a que en
estos días cuando os encontréis en las calles con las Asociaciones de Familiares de Alzheimer no paséis de largo. No son
“otros pidiendo dinero”. Son Asociaciones que luchan diariamente por conseguir que nuestros enfermos tengan la
calidad de vida que merecen. Asociaciones que cubren los enormes huecos que
las instituciones a veces no ven o no quieren ver. Asociaciones que en estos días
quieren que les conozcas, quieren que sepas cuál es su trabajo y sobre
todo quieren concienciar a la sociedad de los que supone esta horrible
enfermedad. Y para eso necesitan nuestra ayuda desinteresada. Ayuda para esos
familiares y sus enfermos. Porque hoy
son ellos, pero mañana puedes ser tú.
Si deseas leer el texto completo, éste
es el enlace.

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