Algunos problemas de conducta relacionados con la capacidad de movimiento y
que suelen ser habituales en personas
con la enfermedad de Alzheimer son la apatía, la ansiedad, la
irritabilidad, la hiperactividad, la inquietud y la deambulación o caminata
anormal (vagabundeo).
No se conoce su causa. Puede
relacionarse con un estado de intranquilidad o excitación. Puede ser una forma de expresar sed, hambre, dolor, necesidad de
acudir al aseo, necesidad de moverse, malestar, desorientación (no recuerda
donde se encuentra), confusión, búsqueda interminable de «algo», miedo. Se
puede producir por distintas razones en distintos individuos, y esto hace
difícil establecer una pauta de tratamiento.
El vagabundeo es un exceso de actividad motora, habitualmente sin una finalidad
concreta, que hace que resulte difícil lograr que la persona se siente, pues
vuelve a levantarse, yendo de un lado para otro. Se convierte en un problema si
se produce en lugares inadecuados o hay riesgo de fuga, porque la persona se
puede perder, confundir o accidentar fácilmente (caídas o fracturas). También
puede producir pérdida de peso. Con frecuencia preocupa y agota a los
cuidadores, y puede ser motivo de institucionalización o de restricción de la
autonomía de la persona.
Pero también es un conducta que promueve la circulación sanguínea y la
oxigenación celular, una forma de ejercicio, y puede ser un indicador de
buena salud. El ejercicio no solo tiene efectos benéficos sobre la salud sino
que también facilita el cuidado de la persona, pues su efecto más importante es
el de actuar como calmante, al eliminar tensiones y tranquilizarla. Además,
contribuye a una mejor calidad y duración del sueño, mejora el estreñimiento y
ayuda a retrasar o lentificar los procesos de deterioro.
Para ayudar al tratamiento de esta conducta, desde el Área de Fisioterapia
del CRE del Alzheimer les proponemos las siguientes acciones:
Intenten identificar las causas o razones por las que la persona puede
tener deseos de caminar sin rumbo y sin parar. Puede que no sepa dónde está y
sale dispuesta a averiguarlo; puede estar tratando de cumplir una
responsabilidad del pasado (ir a trabajar o ir a buscar a un hijo); puede estar
buscando a alguien o algo que haya perdido (una persona, un lugar, un artículo
personal); puede sentirse asustada por el ruido, por un visitante extraño o
porque crea que tratan de hacerle daño.
Si logran identificar la razón o
razones que le provocan agitación o necesidad de deambular, traten de
modificarlas o eliminarlas. A continuación les proponemos algunas estrategias para lograrlo:
- Acérquese a la persona con calma y háblele en tono pausado. No la regañe. Tranquilícela, dígale dónde está y por qué.
- No la obligue a sentarse. Intente distraerla, pasee con ella.
- Si puede utilice música suave que relaje la situación ambiental.
- Calme la sed, el hambre o el dolor si es el motivo de alteración de la conducta.
- Si cree que puede ser por aburrimiento o sobreexcitación, aumente o disminuya los estímulos. Por ejemplo, puede cerrar la ventana, cerrar las cortinas, apagar la radio y la televisión…
- Si lleva mucho tiempo caminando y conviene que descanse, refuerce actividades alternativas de carácter preventivo, como barrer el piso, limpiar el polvo o doblar la ropa. Si no desea hacerlo no insista, distráigala y vuelva a intentarlo más tarde.
- Pase tiempo afuera cuando el clima lo permita.
- Retomen los aspectos positivos de la conducta y conviértala en una «caminata programada o planificada» que ocurre en un ambiente seguro. Para lograrlo pueden hacer lo siguiente:
- Utilice señales de orientación (con letras o dibujos en las diferentes áreas del lugar).
- Conviértala en una rutina diaria: debe hacer sus caminatas todos los días, a las mismas horas, en los mismos lugares, y a ser posible acompañada por las mismas personas o que le resulten familiares. Esto le proporcionará seguridad y le ayudará a orientarse.
- Permítale tener independencia tanto como le sea posible, aún cuando los resultados de la actividad no sean perfectos. Acompáñela a dar el paseo o supervísela a distancia, pero procure no dejarla sola.
- Esté pendiente de cualquier señal de molestia o de esfuerzo excesivo. Déjela descansar en cuanto observe que la persona lo requiere.
- Si nota alguna señal de malestar, no dude en hablar con alguna persona del equipo sanitario (médicos, enfermeras, fisioterapeutas…)
Autora: Gloria
Teresa Zapata Osorio
Fisioterapeuta de EULEN Sociosanitarios
Fuente: CREAlzheimer


No hay comentarios:
Publicar un comentario